Grandes de la Literatura Universal

alberto-moraviaALBERTO MORAVIA
(1907-1990)
 

Alberto Moravia fue el seudónimo bajo el cual Alberto Pincherle escribió sus obras. Nació en Roma, Italia. A los ocho años contrajo tuberculosis de los huesos y esto lo obligó a pasar varios años en sanatorios los cuales aprovechó el autor para aprender varios idiomas y leer a los clásicos. 


Fue pues en gran parte un autodidacta y se hizo famoso a los 22 años con su primera novela: “Los indiferentes” en la cual describió Moravia la historia sin compasión, de la desintegración moral de la clase media alta romana.

La historia fue anunciadora de la novela existencialista que sería más tarde cultivada por escritores como Camus y Sartre. La obra analiza la comprensión dolorosa, de la dificultad del hombre moderno, para establecer una relación con su mundo.

Entre otras obras: Las ambiciones perdidas, Agostino (la historia de un adolescente a quien se le revela la sexualidad), La desobediencia, La romana ( basada sobre la vida de una prostituta romana), El conformista, Un fantasma a medio día (basada en la ruptura de un matrimonio), Dos mujeres.

Escribió igualmente Moravia varios volúmenes de historias cortas, en especial: Cuentos romanos y Más cuentos romanos.

El autor trabajó simultáneamente como periodista. Su obra se relaciona con la aridez emocional expresando la futilidad del escape sexual, bien promiscuo o matrimonial. Sus personajes son reales y su obra en general encierra un gran contenido psicológico y un estilo directo y sin adornos.

APARTES:

“Esto no es cuestión de bueno o malo”, dijo él , “Desde luego ellos son buenos hacia sus esposas y sus hijos, al igual que la loba y la serpiente son buenos hacia su progenie y sus hembras. Pero hacia los humanos, que después de todo es lo que cuenta, esto es, hacia usted , hacia mí, hacia Rosetta, hacia estos evacuados y campesinos, ellos no son capaces de ser otra cosa sino malos” (Dos mujeres.)

Ella comenzó a caminar de nuevo, a paso rápido ,como si tuviera temor de que él tratara de abrazarla de nuevo. Y cuando él la vio escapando, sintió de nuevo una sensación de impotencia, porque no podía tomar posesión inmediata de su amada. “Tú no me harás eso esta noche”, murmuró él entre los dientes apretados, cuando la alcanzó, y ella respondió bajando la cabeza sin mirar alrededor: “Será distinto esta noche” (Luna de miel amarga).

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