El boletín escolar

 

  El nacimiento y desarrollo del boletín de calificaciones es una historia por escribirse… es un instrumento cuya finalidad reside en establecer un sistema de evaluación, calificación y promoción de alumnos que, al mismo tiempo, fuera capaz de incorporarlos a una serie de rutinas ordenadas.

  El boletín fue concebido como el medio privilegiado mediante el cual se comunicaban a las  los progresos (o no) de cada alumno.

  Libreta escolar, boletín de notas, documento de evaluación, libreta de calificaciones, boletín de informes y calificaciones, libreta de seguimiento escolar: el boletín de calificaciones no siempre se denominó igual. Su forma fue cambiando según las épocas y las funciones que le fueron asignadas. En los primeros tiempos, el boletín: Era un  papelito donde estaba escrito con tinta negra, de puño y letra de maestra: Pasa de grado o en tinta roja no pasa de grado.

  La organización bajo la cual se presentaba la información fue complejizándose y sufriendo modificaciones con el tiempo. La periodicidad con la cual el boletín se entregaba a las familias (mensual, bimestral, trimestral).

  Con el cierre de cada ciclo. Tenía lugar un ritual escolar: la jornada donde se entregaba el boletín. No cualquiera podía completar un boletín: en muchos casos era la maestra o el maestro; en otros, aquellos que “tenían firma” en la institución. Del mismo modo no cualquiera podía recibirlos, los boletines eran dirigidos al “padre, tutor o encargado”. Estas reuniones de padres y madres perseguían, entre otros objetivos, reducir la posibilidad de falsificar las firmas.

  ¿Cómo se establecían las notas?

  Ubicados en este punto, habría que recordar que la escala numérica no fue la única forma de calificar a los alumnos. En la “Educación popular”, Sarmiento proponía medir los progresos de los alumnos dejando asentado en un registro que confeccionara el maestro que “el joven Gregorio Correa según el presente estado, se hallaba escribiendo las irregulares mayúsculas el 19 de julio, que en la Lectura daba hasta la página 20, hasta la 10 en Gramática, 29 en la de Doctrina, y que su comportamiento era regular”. Con el tiempo, a través de los reglamentos escolares de calificación y evaluación de los alumnos, lograron imponerse las calificaciones numéricas y, más tarde, su hegemonía fue puesta en cuestión por las “escalas conceptuales”. Así, los “ochos” y  “nueves” se traducían en “muy bueno”, en tanto, los “dos” y “tres”, equivalían a un aplazo.

  En suma: el boletín como elemento de la cultura escolar nos permite reflexionar en torno a una serie de aspectos relacionados con la escuela. Para poder aprehenderlo en toda su dimensión, se requiere evitar circunscribir su estudio a las dimensiones didáctica y curricular, para redimensionarlo en el marco de la cultura escolar donde se inscribió.

  ¿Qué historia de la educación argentina nos permitiría narrar el boletín de calificaciones?

  No sabríamos definirlo con precisión. Sin duda, quien se decida a escribirla tendrá un desafío interesante: el de lidiar con las ansiedades, los miedos y las alegrías que viene asociadas a tamaño objeto escolar.

 

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Realizado por Camilo Godoy

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