Qué significa el 24 de marzo de 1976

A 32 años del inicio de la última dictadura militar que gobernó a la Argentina, ¿cuál es el significado de esa fecha, tal como se nos presenta hoy, una vez recuperada la democracia y luego de que nuestro país atravesara nuevas coyunturas críticas, como las de 1989 y 2001? El 24 de marzo de 1976 señala un punto de inflexión en la sociedad argentina, en la medida en que el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional interrumpió y fracturó la valiosa trama social, cultural y política que se venía constituyendo desde mediado del siglo XX.

¿A qué trama nos referimos? La sociedad argentina de finales de los años sesenta y principios de los setenta había alcanzado una destacada situación de vitalidad, a pesar incluso de ofensivas que, como la célebre noche de los bastones largos, la habían pretendido dañar irreversiblemente. Esa vitalidad se expresaba, por ejemplo, en una redistribución del ingreso, conquistada durante los años del primer gobierno peronista, que desconocía los extremos riqueza y pobreza que habían sido usuales a comienzos del siglo XX y que lo volverían a ser en sus últimas décadas. Los intentos por hacer retroceder a los trabajadores y sus demandas –golpes de estado, intervenciones a los sindicatos, represión- habían logrado desarticular su creciente protagonismo. Por otra parte, en otro espacio de la vida social, autores de la relevancia de Borges, Walsh, pero también Daniel Moyano, o Antonio Di Benedetto, convivían con variadas propuestas de renovación musical que atraían multitudes, así como con experimentaciones estéticas de vanguardia en las artes visuales, el teatro, la danza, el cine.

La rica red de intercambios sociales sobre las que descansaban esas manifestaciones variadas se había construido a través de trabajosas luchas populares y a lo largo de un camino que había acercado a sectores que hasta ese entonces se habían mirado entre sí con desconfianza; como era el caso de los obreros, los estudiantes, los grupos religiosos ligados al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y los intelectuales. Y en estos acercamientos sociales no fue menor el papel desempeñado por el entusiasmo y el compromiso cotidiano que tenia lugar en las instituciones educativas.

Vale agregar que la situación de nuestra sociedad guardaba parentescos nítidos con procesos que afectaban a otros países de América latina, signados por una intensa búsqueda de respuestas teóricas y practicas para alcanzar una vida en común más justa. La singularidad de la época, lo que la distinguía, era la percepción generalizada de estar viviendo un cambio tajante e inminente en todos los ordenes de la vida, que favorecía a los sectores sociales históricamente postergados.

Dos aclaraciones necesarias. Lejos de nuestra intención está postular que la Argentina previa 1976 era una sociedad ideal, que había resuelto todos sus problemas. Seguían existiendo injusticias flagrantes, intolerancias varias, cerrazones del sistema político para incluir a las mayorías, violencias sociales y políticas. La proscripción del peronismo desde el golpe de estado de 1955, y de todos los partidos políticos desde 1966, era un punto de conflictividad evidente. No obstante, la riqueza de la trama social, política y cultural permitía pensar que así como se habían superado situaciones de marcada injusticia como la que caracterizo, por ejemplo, a la llamada década infame en los años ’30, los nuevos obstáculos podían ser superados.

La segunda aclaración: el punto de inflexión que señalamos no fue el mismo en cada una de las provincias que componen nuestro país, aunque si creemos que el 24 de marzo de 1976 condensa el significado de este proceso. Proceso de interrupción y quiebre de la valiosa trama de una sociedad, que se desarrolló -con marchas y contramarchas- desde la muerte de Perón en julio de 1974 hasta entrar en su momento más lacerante a partir de 1976. Así, cada provincia vivió la misma historia, aunque no calcada, en la que se violaron sistemáticamente la vida, las libertades individuales y la legalidad constitucional.

Por último, no caben dudas de que el terrorismo de Estado hirió y debilitó gravemente a la sociedad argentina. Terrorismo de Estado que se desplegó sistemáticamente por casi 8 años y que fue una usina de miedo que paralizo en buena medida a la población. E, incluso, hizo partícipe de un concenso pasivo con su accionar. En la tarea por responder a la pregunta por los significados del 24 de marzo de 1976, creemos que es oportuno analizar con otras preguntas el papel y la responsabilidad de la sociedad toda, de los partidos políticos, de los sindicatos y de las diversas organizaciones llamadas revolucionarias.

Fuente: Revista Monitor

Rocío López.

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